jueves, 28 de octubre de 2010

Capitulo 5

Esa noche la volví a pasar fuera. No tenía sitio dónde ir, y solamente tenía 14 años. Me daba miedo andar por las calles oscuras, pero no quería regresar a casa. Era demasiado, demasiado dolor albergado dentro de mí como para volver a ese sitio. No podía dejar en ningún momento que mi vida decayese, después de tanto tiempo luchando. ¿De qué serviría todo lo que estaba sufriendo entonces? Nada tenía sentido, pero debía seguir hacia adelante, era la única opción viable. Me daba miedo, pero tenía que afrontarlo. No podía confiar en nadie, aunque era eso lo que realmente tenía ganas de hacer. Confiar en alguien, sentirme arropada, sentir que alguien me lo daba todo, y no tener ningún miedo, pero a la vez, me era demasiado difícil dejar todos esos sentimientos a costa de alguien. No podía, no podía dar mi vida, para que esta se derrumbara, después de tanto tiempo construyéndola con muros de acero. Aunque estuviera sola, no dejaría que nadie entrase en mi mundo. Porqué era demasiado peligroso confiar en esta vida.
Me senté en la calle, no sabía qué hora era, tampoco me importaba. Solamente quería que el tiempo pasase, y al día siguiente todo cambiaría. Volvería al instituto, y ahí, despejaría mi mente y todo se vería más claro. Aunque no pudiera desahogarme, aunque no pudiera hablar con nadie de esto.


- ¿Vas a irte entonces? – pregunté a Chris con asombro. - ¿Y qué pasa con todo lo que tienes?
- No voy a irme lejos. Con Tony y demás. Seguiré aquí. – contestó con seguridad. – Estoy cansada de aguantar siempre las mismas discusiones, y no tengo porqué dar ninguna explicación de lo que hago. ¿Es mi vida no? Pues ya está.
- Bueno, si tú crees que es mejor así, adelante. Podemos salir esta noche también si quieres.
- No sé Kate, creo que esta noche paso.

Cogió su mochila enorme y se fue. Otra vez, sin dar explicaciones. Chris siempre me había parecido una persona demasiado fuerte como para dejarse ayudar, aunque a veces daba la sensación de que no hacía más que pedir ayuda a gritos. Pero, para qué. Si tampoco escuchaba a nadie. Lo comprendía, en cierto modo lo comprendía, pero era demasiado difícil para mí intentar comprender a alguien cuando lo que me rodeaba ya era demasiado para mí. Tenía ganas de salir, de pasármelo bien, y aunque a Chris no le pareciera bien la idea, lo iba a hacer de todos modos. Me buscaría otra gente con quién ir o, que demonios, iría yo sola. No necesitaba a nadie más para pasármelo bien. Miré en mi bolsillo si tenía algo de suelto. Bien, podía pasar esa noche y unas cuantas más, pero no estaba de más aumentar esa suma de dinero, antes me pasaría por alguna sala de recreativos. Miré la hora, aún era pronto, pero antes de eso me apetecía tomar algo. Algo que me quitara ese poco miedo que quedaba dentro de mí para apostar. Éxtasis.
Llamé a David, ese chico siempre tenía todo lo que le pidiera, era de fiar. Tanto Chris como yo siempre le cogíamos a él cuando teníamos alguna emergencia y Tony no nos podía dar nada. Además, Chris se había ido con él, por lo que necesitaba conseguirla de otra mano de confianza.


- ¿Qué haces aquí fuera? Hace frío, entra mujer. – se acercó un hombre a mí y tendió su mano. Le miré con desconfianza. ¿A caso no notaba que era pequeña para estar en ese sitio sola?
- No, estoy bien aquí. – contesté con un hilo de voz.
- Se nota que tienes frío, entra venga. Tranquila, aquí nadie se da cuenta de la edad que tiene cada uno. – guiñó un ojo. Sí, se había dado cuenta de que era menor. Pero que importaba ahora, estaba sola, no tenía sitio dónde ir, y aunque no me gustaba irme con los desconocidos hice caso y entré en ese extraño bar. Tenía demasiado frío como para quedarme ahí sin saber cuantas horas más tendría que hacerlo.
Parecía un sitio agradable, nadie te miraba, no te juzgaban por el aspecto. Pasaban de todo. El desconocido me sonrió, y me acercó a conocidos suyos. Se me presentaron todos, a mí me daba vergüenza pero también me presenté. Estaban jugando a cartas, y me preguntaron si quería jugar también. No sabía de qué iba el juego, así que me lo explicaron paso por paso. Parecía interesante, así que probé una partida. Me sentía a gusto ahí, todos mis pensamientos desvanecieron al estar metida en ese juego. Era divertido, ver la cara de los demás, no saber lo que iba a pasar, jugar con mis tácticas, mis pensamientos, no importaba nada más. Y entonces, gané.

- Tienes un don innato para el juego, querida. – dijo uno de ellos sonriendo. - ¿Quieres hacer el juego más interesante?
- ¿Cómo?
- Apostando. – dijo otro de ellos.
- No tengo dinero. – contesté al acto. Algo sí que tenía, pero me daba miedo. Me daban miedo sus miradas.
- Bueno, ¿qué te parece si te presto 5 euros y pruebas? Si ganas, te quedas los 5, y a la próxima decides si apostar o no, por qué será tu dinero, ¿te hace?
- ¿Y si pierdo?
- No pasa nada. Total, por 5 euros no voy a morirme. Tu compañía vale más que eso.

Sonreí. Me gustaba esa oferta. No tenía nada que perder, así que lo hice. Hice el juego más interesante.



- Hoy estoy generoso, te doy un par por cuarenta. – dijo David con su característica sonrisa.
- ¿Hay algo escondido? – pregunté sin fiarme del todo.
- Que va a haber, cariño. Confío en ti. Siempre me compras, y siempre vuelves. Entre tú y Chris me estáis dando una vida perfecta.
- De acuerdo, dame dos entonces. – saqué mi billetera y le di los cuarenta euros. - espero que sean de calidad. Porqué te veo demasiado caritativo y no suele venir de ti ese gesto.
- Digamos que estoy de buen humor Kate. Aprovecha, no soy tan mala persona como aparento ser. También tengo mis días de caridad. – se relamió los labios al coger el dinero, y se los guardó rápidamente. Sacó de su bolsillo una bolsita llena de pastillas, y me guardó dos en mi chaqueta. – Aquí tienes cielo. Ahora, tengo que irme, hay más gente que necesita de mis servicios.

- Que te vaya bien tío.

Fui al baño para tomarme la pastilla, y seguir con mi plan. Bien, primero iría a la sala dónde ya me conocían. Tenía bastante dinero, así que no hacía falta exagerar mi capital. Aparte, quería pasármelo en grande esa noche. Esa, y la siguiente, y tal vez, la siguiente también. Empecé a notar los efectos, como me entraba la risa, como tenía ganas de hacer todo. Como el poco miedo que había dentro de mi desaparecía por completo. Eso, eso era. El momento perfecto. La fuerza que necesitaba para dar el gran golpe. Jugar, a vida o muerte. Perderlo todo, o ganar por todo lo alto. Tal vez era demasiada motivación pero no me importaba. Ese subidón de adrenalina era lo que más me gustaba sentir, y oh, si de verdad salía como lo planeaba aún era muchísimo mejor. Una sensación imposible de explicar con palabras, era como entrar en el séptimo cielo o aún más arriba. Sentir el poder de conseguir lo que quieres, y querer más y más y más.
Me dirigí con prisas a la sala recreativa. No quería perder ni un minuto más de mi tiempo. Si me quedaba tiempo me daba la sensación de que iba a romperme en cualquier momento, así que tenía que dejarme guiar por mis impulsos. No sabía por dónde empezar. Sentía que no había tiempo para todo, algo tenía que hacer. A ver, poner las cosas en orden. Primero una cosa, luego otra. Pero tenía demasiada exaltación por todo, quería hacerlo todo a la misma vez. Como siempre, esa pastilla me excitaba más de lo normal. Pero era en esos momentos cuando conseguía todo lo que quería. Aunque me diese la sensación de que me podía desmayar en cualquier momento, tenía que aprovecharlo. Aprovechar ese momento, aprovechar esas horas de hiperactividad. Fui a la primera máquina que vi. Eché una moneda, luego otra, otra, y otra. Premio. Por ahora iba bien. Tenía que seguir. Otra moneda, otra, otra. Premio, otra vez. Bien, mi capital aún no había aumentado mucho, así que podía seguir. Frente esa máquina que me tenía absorbida, no era consciente del tiempo que estaba pasando a mí alrededor, pero no importaba. Me sentía demasiado bien como para dejar que eso me influenciase. Y así seguí. Echando monedas, una detrás de otra, ganando, perdiendo. Tenía que ganar. Tenía que seguir.


Volví a mi casa con más dinero con el que había salido. No sabía la hora que era, se me había pasado el tiempo demasiado deprisa, pero ya estaba amaneciendo. Esa noche, esa noche no la olvidaría nunca. Siempre había tenido miedo de dejarme guiar por el momento, por las ganas de hacer algo. Siempre había pensado que mantener los pies en el suelo era lo mejor que podía hacer. Controlarme, ser consciente de mí misma, tener conciencia. Pero, ¿de qué me había servido eso? Solamente conseguía sufrimiento en mi vida, en cambio, ese día… Ese día, fue perfecto. Me cambié de ropa, dispuesta a ir al instituto. Otro día más que iba a pasar. Sin olvidar lo que había vivido esa noche. Tenía que repetirlo nuevamente.
Pero de nuevo la rutina se hizo dueña de mi cuerpo. Ya no me gustaba esa sensación que sentía. Tanta hipocresía rodeándome. Tanta gente aparentemente feliz, como si nada les importase más que ser alguien, ser reconocido, y hablando de las mismas tonterías diarias. Yo, intentaba entrar en ese mundo, en esa vida tan monótona, pero no era algo que me llenase. Ese no era mi estilo de vida. Pero no podía hacer nada más que fingir una sonrisa y aparentar ser como todos los otros. Fui a la primera clase que me tocaba, aún con sueño de no haber dormido nada esa noche. Me senté intentando escuchar a la profesora. No tenía ganas pero era lo que tenía que hacer. A mi lado, se sentó una chica que no conocía de nada. ¿Era nueva? O tal vez, ya llevaba tiempo ahí, pero no solía fijarme en los demás. Pero ella, ella parecía diferente. No parecía ser el tipo de persona que los demás me mostraban. Había algo en ella que… era distinto. No decía nada, era callada, y parecía estar en un mundo parecido al mío.

- Creo que no te he visto nunca por aquí. – dije saludándola.
- Me llamo Chris, he repetido curso. – contestó con frialdad.
- Yo soy Kate.
Pasó la clase, y no nos dijimos nada más que eso. Me daba algo de miedo y de respeto. Pero no fui capaz de decirle nada más. A veces se giraba para mirarme, y para ver lo que hacía, pero enseguida giraba la mirada y seguía haciendo lo suyo. Parecía interesante, pero no tenía nada que decirle.



Miré el reloj un momento. Vaya, había pasado más tiempo del que pensaba, siempre me pasaba lo mismo. Una vez me ponía a jugar el tiempo se me pasaba por completo y no era consciente de la hora que era. Tenía que irme ya si no quería pasar toda la noche ahí, aunque de hecho, ya me había pasado otras veces. Acababa haciendo otra cosa totalmente distinta de la que había planeado. Normalmente prefería tener las cosas bajo control, planear mi día, tenerlo todo en mis manos para luego no decepcionarme, pero el juego era la única excepción. El juego y las drogas, lo único que hacían que mi personalidad fuera otra totalmente distinta. La verdad, aún no me había quedado a gusto, no había conseguido una suma de dinero lo bastante grande como para quedarme satisfecha. Cien, cien miserables euros no eran suficientes como para poder cubrir mis necesidades diarias. Pero podía volver al día siguiente. Aunque tampoco me gustaba ir justa, era cómo si, necesitase tener algo de seguridad en lo que tenía para hacer las cosas a gusto. Decidí quedarme. Aunque no entrara en mi plan. Y qué importaba. Estaba a gusto ahí. Decidido, me quedaba.

No hay comentarios:

Publicar un comentario